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Mostrando entradas de junio, 2025

No porque te necesite, sino porque te elijo

Entiendo lo que dijiste. Y créeme, no lo tomo a la ligera. Tú no quieres ser el refugio de nadie. No quieres que alguien llegue a ti buscando apoyo, amor, compañía… como si fueras un salvavidas. Y está bien. Es justo. Es valiente. Pero yo tampoco te busco desde el vacío. Te busco desde la abundancia de lo que siento. No porque me faltes, sino porque contigo todo toma más sentido. No quiero que me necesites. Ni que me salves. Solo quiero que un día, sin tener por qué, sin deber nada, me escojas. Porque eso… valdría más que cualquier “te necesito”. Eso sería amor.

Ni el río me detiene

Puede que el mapa diga que estás lejos, que hay agua entre nosotros, que tu risa se escuche en otro estado y tu perfume lo arrastre el viento sureño. Pero déjame decirte algo: ni el río me asusta. Ni la distancia me enfría. Porque cada vez que me hablas, mi corazón se lanza al agua. Cada vez que dices mi nombre, mi alma cruza fronteras sin visa. Tú, con esa voz que huele a jazmín y a locura, me tienes contando los días para verte otra vez. Me tienes soñando con tus labios, y haciendo planes para robarte, aunque sea por una noche. Y sí… quizás tú seas una chica de Louisiana, y yo un hombre del Mississippi… pero cuando estamos juntos, el mundo se encoge. El río se calla. Y el amor suena más fuerte que cualquier tren.

Tú eres mi hora dorada

  Te miré, y fue como si el sol decidiera ponerse solo para ti. Como si la luz supiera que tu rostro era el lugar donde debía quedarse. Todo brilló distinto. Todo se detuvo. No supe si fue la música, tu sonrisa, o el modo en que el mundo desaparecía cuando estabas cerca. Solo sé que ese instante fue mi hora dorada. Y desde entonces, cada vez que el cielo se pinta de fuego, cuando el día se rinde al atardecer, te recuerdo. Y sonrío. Porque tú eres eso en mi vida: el momento más hermoso, el más suave, el más eterno, aunque dure solo un segundo. Y si alguna vez me pierdo, si olvido quién soy, si el mundo me cansa… solo necesito verte otra vez bajo esa luz para saber que sigo vivo. Y que amarte fue lo más verdadero que hice jamás.

Contigo, hasta los días comunes bailan distinto

  No necesito fuegos artificiales contigo. Ni aventuras en otro continente. Porque contigo, hasta el silencio tiene sabor a canción. A chachachá. Eres esa melodía que se cuela entre mis días sin pedir permiso, la que me acompaña en la cabeza cuando todo se vuelve ruido. Y no sé en qué momento pasó, pero empezaste a estar en mis pequeños planes, en mis desayunos simples, en mis tardes sin motivo, en cada canción que escucho. No te necesito perfecta. No te quiero lejana. Te quiero aquí, así como eres: real, ruidosa a veces, callada cuando te pierdes en ti. Eres mi caos preferido. Y también mi calma favorita. Si bailamos, que sea sin música. Si caminamos, que sea sin rumbo. Y si un día me preguntan qué quiero para el futuro… la respuesta es fácil: tú, riéndote de mis tonterías, y yo, agradeciendo que dijiste que sí.

Eres perfecta para mí

No sé cuándo pasó… solo sé que te miré un día y supe que eras todo lo que no sabía que necesitaba. Tú, con tus risas que rompen mis muros, con tu forma de verme cuando no soy capaz de verme yo. Tú, que bailas aunque no haya música. Que haces del mundo algo menos duro, solo estando. No me importan las luces, ni las promesas grandes. Lo único que quiero es caminar contigo y perder la cuenta del tiempo. Cuando el mundo nos mire, cuando los años nos pesen, cuando la piel cambie y los cabellos se tornen grises… seguirás siendo tú. La más hermosa. La que me hace querer quedarme. La que me hace dar gracias a Dios cada noche. Y si alguna vez dudas de ti, si sientes que no eres suficiente, mírame. Porque en mis ojos verás la verdad: eres perfecta. Para mí. Siempre lo has sido. Siempre lo serás.

Si te tengo a ti, ya lo tengo todo

No necesito más días perfectos, ni una casa más grande, ni cruzar el mundo para encontrar belleza. La tengo aquí. En ti. En tu risa cuando no puedes parar. En la forma en que me miras cuando piensas que no te veo. En cada “te quiero” que dices bajito pero me retumba el pecho. Si mañana se apaga todo, si la vida decide que ya fue suficiente, que me encuentre contigo entre mis brazos. Que me lleve mientras te abrazo. Porque no me hace falta más. No quiero más. Si eres tú la que me acompaña, yo ya gané. Tú haces que lo simple se vuelva eterno. Tú haces que lo que soy tenga sentido. Y por eso te digo, sin miedo, sin duda: si muero contigo a mi lado… moriré siendo el hombre más feliz del mundo.

Aunque pasen los años, aún quiero bailar contigo

No sé cuánto nos queda. Ni cuántas arrugas llegarán a tu sonrisa. Pero sí sé esto: yo me quedo. Contigo. Como el primer día. Cuando nuestras piernas ya no corran, cuando las palabras se digan más lento, cuando tus manos tiemblen, quiero que tiemblen dentro de las mías. Porque yo no te amo por tu forma de caminar, aunque me encanta. Ni por la luz en tus ojos, aunque me pierda en ella cada vez. Te amo porque en ti encontré algo que no envejece: una paz que me abraza. Una locura que combina con la mía. Y si un día te olvidas de por qué me elegiste, si alguna inseguridad te toca el alma, si dudas… mírame. Estoy aquí. Y sigo eligiéndote. Y cuando todos digan que el amor no dura, que se apaga, que muere… déjalos. Nosotros sabremos la verdad. Porque aún con los años encima, yo solo querré hacer una cosa: bailar contigo como si el tiempo nunca hubiera pasado.

A ese lugar donde solo nosotros sabíamos llegar

A veces cierro los ojos y vuelvo ahí… A ese lugar que no está en el mapa, pero que siempre vivió en nosotros. No era una ciudad. No era una habitación. Era esa esquina del mundo donde me mirabas sin miedo, y todo parecía estar bien. Ahí no existía el ruido. Solo tus silencios que sabían a paz. Solo tus manos, que sin hablar, me decían: "te entiendo, quédate". Y me quedaba. Porque ese rincón —ese refugio solo nuestro— me hacía sentir vivo. Inmortal. Pero el tiempo pasó… Y hoy no sé si tú también lo recuerdas. No sé si para ti aún existe. Si aún puedes cerrar los ojos y verme allí, como yo te veo a ti. Tal vez el mundo cambió. Tal vez tú también. Pero si un día todo se desarma, si te sientes perdido o cansada del ruido, búscame ahí. En ese lugar solo nuestro. Porque yo… aún te espero ahí.

Si un día me toca irme… que sea con tu nombre en mi sonrisa

No le tengo miedo al final. Ni al dolor, ni a caer, si sé que alguna vez te tuve entre mis brazos. Amarte fue arriesgarlo todo. Y lo hice con gusto. Porque fuiste lo único que le dio sentido a todo el caos en mi cabeza. No me arrepiento de nada. Ni de los días que dolieron, ni de las veces que callé lo que gritaba por dentro, ni de esperarte sin saber si ibas a volver. Porque mientras te amé, viví de verdad. Fuiste fuego cuando todo estaba apagado. Fuiste tormenta, pero también refugio. Y eso no se olvida. No se cambia. No se borra. No todos tienen la suerte de amar así: con todo el pecho, sin miedo, sin medida. Y aunque me costó, aunque a veces me dejaste roto, lo volvería a hacer. Así que si mañana el mundo se apaga, si llega el último suspiro, que sea pensando en ti, y sonriendo. Porque antes de irme, supe lo que era amar con el alma. Y fuiste tú.

Tú y yo… seguimos siendo nosotros

  El mundo cambia. Las calles, las voces, las estaciones. Incluso nosotros hemos cambiado. Pero hay algo que no lo ha hecho: lo que siento por ti. Tú y yo no somos perfectos, pero somos reales. No siempre lo dijimos todo bien, pero nunca dejamos de sentir. Hay personas que se van con el viento, pero tú fuiste raíz. Fuiste casa. Fuiste refugio. Y si alguna vez dudaste de lo que somos, mira lo lejos que hemos llegado. Mira cómo, aun cuando todo parecía romperse, tú y yo seguimos aquí. Podrán decir mil cosas. Podrán venir días grises. Pero yo lo tengo claro: no hay nadie más con quien quiera caminar esta vida. Tú y yo. No importa lo que venga. No importa lo que digan. Tú y yo… somos más fuertes que el cambio.

Te espero, incluso cuando no sé si volverás

Hay días que me duelen más que otros. Días en que el silencio pesa más que tu ausencia. Pero sigo aquí. No porque sea fácil… sino porque tú vales la espera. No estoy esperándote con los brazos cruzados. Te espero con la vida, te espero en cada paso, en cada risa que aún guarda tu nombre. Te espero como se espera el sol tras una noche larga. Con fe. Con el alma en llamas. Aunque a veces todo arda menos tú. No importa cuántas veces el mundo me diga que suelte, yo sigo apostando por ti. Por lo que fuimos. Por lo que podríamos volver a ser si aún queda una chispa en tu pecho que diga mi nombre. Porque amarte fue lo más vivo que he estado . Y mientras exista esa memoria, mientras mi corazón aún repita tu risa, yo sigo aquí. Esperándote. Amándote. Con los ojos abiertos y el alma en pie.

Así es como yo te amo

No te amo por lo que me das. Te amo por lo que eres… incluso cuando no estás bien, incluso cuando no puedes amarte tú. Mi amor por ti no compite, no presume, no aplasta. No busca tener la razón. No mide quién da más. No es ruido. No es castigo. Es paciencia… es calma. No me irrita tu distancia. No me alejan tus dudas. No llevo cuentas de tus errores porque prefiero recordarte en tus victorias. Porque prefiero amarte como Dios nos ama: sin condiciones. No me alegra cuando caes, no me regocijo en tus tropiezos. Me gozo en tu verdad. En tu crecimiento. En tu luz, incluso si hoy estás apagada. Mi amor no huye cuando hay peso. Todo lo sufre , todo lo cree , todo lo espera , todo lo soporta … si es por ti. No soy perfecto. Pero lo que siento por ti lleva algo de eternidad. Porque cada vez que te miro, entiendo por qué Dios dijo que el amor jamás deja de ser.

No sé cómo pasó, pero estoy enamorado tuyo

  No sé cómo ni cuándo pasó. Pero fue. Como quien tropieza con una grieta en el alma y en lugar de caer… se encuentra. Estoy enamorado tuyo. Y no me pidas que lo entienda, porque no tengo forma de explicarte por qué cada parte de mí te busca, incluso cuando intento pensar en otra cosa. En cualquier cosa. Tu voz se me mete en los silencios. Tu forma de existir interrumpe mis pensamientos más racionales. Y eso me jode. Porque no quería esto. No me convenías. No me convenías… pero me completas. No me enamoré de ti porque fueras perfecta, me enamoré pese a todo. Y por eso me asusta más. Porque si amar fuera lógico, ya te habría soltado. Pero esto no es lógica, es piel, es vértigo, es sentir que mi caos encontró eco en el tuyo y juntos suenan como una canción sin compás, pero hermosa igual. No sé si esto dure. No sé si sea sano. Pero es tu nombre el que aparece cuando no tengo fuerzas, cuando todo se vuelve ruido y sólo tú haces silencio. Estoy enamora...

Contigo, es como volver a casa

A veces me pierdo en todo lo que fui. En los días en que corría sin miedo, en las tardes que sabían a libertad, en los errores que dolieron pero me enseñaron a amar con más verdad. Y entonces apareces tú, como un recuerdo que nunca viví, pero que parece mío desde siempre. Como ese lugar al que uno vuelve después de andar muy lejos, cansado, roto… pero con la esperanza intacta. Contigo no tengo que fingir. No tengo que ser el de ahora ni el de antes. Solo tengo que ser yo. Y eso, para alguien como yo, vale más que todo. Tus ojos me recuerdan que aún hay fuego, que aún hay risas que se sienten como la primera vez, y que aunque el tiempo nos cambie, el alma sigue sabiendo dónde está el castillo. Ese castillo no está en la colina, ni en los años que se fueron. Está en tu abrazo. En tu voz. En esa forma tuya de decir mi nombre como si yo nunca hubiera dejado de ser el chico que soñaba con algo grande. No sé a dónde vamos, pero si es contigo, no me importa. Po...

Aunque me cueste todo, te elegiría otra vez

No sé si lo entiendas… no sé si creas que vales tanto, pero si me dijeran que tendría que volver a pasar por todo, por las noches sin respuestas, por tus distancias, por tus muros… lo haría. Y no por deber. No por terquedad. Por amor. Por ti. Porque algo en ti —en tus heridas, en tus dudas, en tu forma de mirar el mundo como si no pertenecieras a él— me hizo saber que ese era mi lugar. Contigo. Incluso si dolía. Incluso si me desgastaba el alma. Podría haber buscado paz. Alguien fácil. Alguien sin cicatrices. Pero elegí tu tormenta, porque en ella encontré sentido. Porque dentro del caos que eres, me sentí más vivo que nunca. Si el cielo se cerrara, si el mundo me negara tu nombre, si amarte me costara todo lo que soy… volvería a ti. Una y otra vez. Con la misma certeza. Con los ojos abiertos. Sin pedir nada. No quiero salvarte. No quiero cambiarte. Solo quiero estar contigo, y si eso significa arder, que arda el mundo.

Eres mi whiskey suave

Antes de ti, mi alma andaba en vasos vacíos, en promesas rotas, en noches que no curaban nada. Mi amor era torpe, como un trago fuerte que arde al pasar. Me perdía fácil, me dolía todo. Pero tú… tú fuiste distinto. No llegaste gritando ni exigiendo. Solo me miraste, como quien ve el fondo de un hombre y aún así se queda. Eres como ese Tennessee whiskey: fuerte, pero dulce. Arde, pero no duele. Me sube a la cabeza, pero no me tumba. Me enseñaste que el amor no tiene que doler para ser real. Que no necesito esconder lo que fui, porque en tus brazos, incluso mi pasado parece tener sentido. Y si alguna vez te preguntas si vales la pena, recuerda esto: tú me cambiaste sin pedirme que cambiara. Me hiciste querer ser mejor, no por miedo, sino por amor. Así que quédate, y deja que te sirva otra copa de todo lo que soy. Sin prisas, sin máscaras, solo tú, yo, y este amor que sabe a casa.

Tú también vienes del Edén

Hay algo en ti que no puedo nombrar, como un eco antiguo, como si te hubiese amado antes de nacer. Tienes el alma hecha de fuego y cicatrices, y sin embargo, no he visto nada más bello. Dicen que venimos del Edén, de un paraíso perdido. Pero yo no lo perdí… yo lo encontré en ti. Tú, con tu risa que parece huida, con tus ojos que esconden tormentas, con ese miedo de quien ha amado y ha sido herida, eres mi paraíso imperfecto. Yo no vine a salvarte. Tampoco quiero redimirte. Solo quiero quedarme, incluso cuando huyas, incluso cuando no creas en ti. Porque yo te veo entera, con todo lo que te duele, con todo lo que niegas. Y si amar es una caída, quiero caer contigo. Si tú eres pecado, quiero ser culpable. Porque si hay algo divino en esta tierra, no está en los cielos. Está en ti. Y me basta.

Todo de mí, para todo de ti

No quiero solo tu risa. También quiero tus silencios, tus dudas, las veces en que crees que no vales. Quiero tus ojos cuando miran al suelo, porque incluso ahí, me pareces hermosa. Yo no te amo porque seas perfecta. Te amo porque eres real. Porque hay algo en ti que no se puede explicar, que no necesita máscaras ni poses, algo que solo existe una vez en la vida. Y aunque a veces te mires con vergüenza, como si no merecieras ser querida, yo quiero que sepas esto: yo te amo entera. No a pesar de tus grietas, sino por ellas. Tú me das paz cuando estoy roto. Me das música cuando todo es ruido. Y aunque sientas que no das mucho… me lo das todo. Así que toma lo que soy: mis errores, mis miedos, mi pasado. No tengo mucho, pero lo que tengo es tuyo. Y si alguna vez te cansas de ti, mírame. Recuérdame. Yo seguiré aquí, porque tú, con todo lo que eres, eres mi todo

Despiértame cuando sea seguro amarte

No tienes que saberlo todo ahora. No tienes que tener claro quién eres, ni hacia dónde vas, ni por qué a veces te duele incluso respirar. Está bien perderse. Está bien no entender. Yo tampoco tengo todas las respuestas. Pero tengo algo que puedo darte: mi tiempo, mi ternura, mi deseo sincero de verte bien, aunque sea sin mí. No quiero apresurarte. No quiero forzarte. Solo quiero estar cerca, como quien se queda en silencio junto al que aún no puede hablar. Y si hoy no puedes amarme, si todavía no puedes entregarte, si el miedo pesa más que el deseo, yo no me voy. Voy a cuidarte desde donde me dejes. Voy a esperarte, no con ansiedad, sino con fe. Y si llega un día en que el mundo ya no te duela tanto, en que puedas verte con ojos más suaves, en que despiertes y te sientas viva de nuevo… acuérdate de mí. Porque yo creí en ti incluso cuando tú no podías. Porque aún con los ojos cerrados, yo te elegí. Así que cuando estés lista, cuando seas tú sin miedo, ...

Hazme altar si es contigo

Si amarte es pecado, entonces déjame arder. Si tu piel es culpa, quiero ser culpable una y mil veces. Porque tú eres mi templo, mi rito, mi comunión. Y cada vez que me miras, algo dentro de mí se arrodilla. No necesito catedrales, ni santos de piedra, si puedo rendirme ante tu verdad. Tu risa es himno. Tu voz, credo. Tu cuerpo, fe. No vine a adorarte por obligación. Vine a entregarme sin condiciones, a dejar que me rompas si hace falta, porque prefiero caer contigo que vivir entero sin ti. Pueden llamarlo locura. Lujuria. Herejía. Pero no entienden. No han sentido lo que es tocarte el alma como quien toca algo sagrado, con miedo, con hambre, con devoción. Contigo, no amo desde la piel, amo desde el abismo. Y si eso me condena, entonces bendita sea la condena. Porque si hay algo sagrado en este mundo, es el fuego que siento cuando te tengo cerca. Y yo no quiero redención. Solo quiero a ti.

Aunque te vayas, yo me quedo

Puedes tener miedo. Puedes tener días en los que quieras huir, donde todo pese tanto que ni siquiera quieras hablar. Puedes romperte. Puedes desaparecer por un tiempo. Pero escúchame bien: yo no me voy. No vine solo para los días buenos. No te elegí solo por tus sonrisas, te elegí también por tus sombras. Por tu valentía escondida, por tu forma de resistir aunque sientas que no puedes más. No me asusta tu dolor, ni tus silencios, ni las noches en que sientes que nadie puede entenderte. Tal vez no lo entienda todo, pero yo quiero estar. Quiero quedarme. Quiero luchar contigo, aunque sea solo abrazándote en silencio mientras el mundo tiembla. Y si algún día sientes que ya no puedes más, que te perdiste, que te fuiste… yo voy a encontrarte. Donde sea. Como sea. Porque amar no es estar solo cuando todo va bien. Amar es quedarse cuando el otro no puede levantarse solo. Tú puedes irte. Puedes dudar. Puedes volver con las manos vacías. Yo seguiré aquí, con l...

Te guardo como una fotografía

Te guardo como se guarda una fotografía: con cuidado, con miedo a que se rompa, con amor por todo lo que representa. Estás ahí, aunque no estés. Sigues en mi mundo, aunque no podamos tocarnos ahora. Y no sé si el tiempo nos va a devolver los días, pero no me importa. Porque lo que sentimos… no se borra. A veces miro el cielo y me pregunto si tú también sientes lo mismo. Si aún recuerdas mis manos, mi voz diciéndote que todo iba a estar bien, mi forma de amarte como si no existiera nadie más. No necesito verte para seguir amándote. Te siento en las canciones. En las noches largas. En los silencios que hablan de ti. Y aunque a veces duela —porque sí, duele— prefiero eso a olvidarte. Prefiero la nostalgia de haberte tenido a la mentira de fingir que no significas nada. Yo todavía te espero. No con ansiedad. No con prisa. Sino con la certeza tranquila de que hay amores que se llevan dentro, que no necesitan más que el recuerdo para seguir vivos. Así que cu...

Aunque todo cambie

El tiempo pasa, los días se hacen más cortos, las noches más largas, y a veces siento que el mundo se mueve demasiado rápido para ti, para mí, para nosotros. Tú has cambiado. Yo también. Pero en medio de todo ese cambio, hay algo que sigue igual: la forma en que te miro. La forma en que te elijo, una y otra vez, incluso cuando no estás segura de merecerlo. Sé que a veces tienes miedo. De lo que vendrá. De que todo lo que eres no sea suficiente. De que tus sueños se rompan por dentro como cristales frágiles. Pero mírame. Aquí estoy. No por costumbre. No por promesas vacías. Sino porque te amo en todas tus formas , en todos tus días, en cada una de tus versiones, incluso en las que tú misma no sabes cómo abrazar. Las noches cambian. Los cuerpos cambian. Las sonrisas a veces se desgastan. Pero el amor verdadero no se va, se queda en silencio cuando las palabras ya no alcanzan, te cubre cuando todo parece doler, te espera sin preguntar cuánto tiempo más...

Eres lo único que tiene sentido

  Yo no tengo mucho, ni promesas brillantes, ni un futuro perfecto que ofrecerte. A veces me pierdo, me apago, me encierro. Pero incluso en mis días más grises… estás tú. Y contigo, todo tiene sentido. Tú me das luz cuando yo solo sé dar sombra. Tú me miras con fe incluso cuando yo mismo me miro con duda. Podría rodearme de ruido, de mil cosas para llenar el vacío, pero nada —nada— tiene sentido si tú no estás. Y no es dependencia, es verdad. Es que en ti encontré un lugar. Una voz que no me juzga. Un alma que no me exige ser perfecto. Tú crees que no mereces ser amada, pero si supieras lo que yo siento cuando te miro... El mundo se ordena. El caos se vuelve música. El dolor se vuelve suave. No me importa si te sientes rota, yo no vengo a arreglarte. Vengo a amarte. Así, como eres. Con todo lo que cargas. Con todo lo que callas. Porque tú eres lo único que nunca ha sido un error en mi vida. Eres la razón por la que aún creo que algo hermoso puede...

Si supieras cómo te veo

A veces, cuando me hablas, hay algo en tu voz que tiembla, como si no supieras si mereces ser escuchada. Y yo me quedo callado… porque lo único que quiero es que tú sepas que aquí estoy, que no me iré. Sé que has pasado por cosas que no siempre se dicen en voz alta, que te dejaron marcas invisibles que solo tú sabes cómo duelen. Lo noto en la forma en que te tocas el brazo cuando te sientes insegura, en cómo a veces te escondes dentro de ti aunque estés justo frente a mí. Pero si tú supieras cómo te veo… No con lástima, nunca. Con admiración. Con una ternura tan grande que me cuesta no abrazarte fuerte cada vez que sonríes a pesar del miedo. No tienes que demostrarme fuerza. No tienes que fingir que estás entera todo el tiempo. Yo estoy aquí también para sostenerte cuando no te alcance el día, cuando tus pensamientos se vuelvan pesados, cuando sientas que nadie puede entenderte. Quiero intentarlo contigo. No por lo fácil. Sino porque en ti vi algo real, al...

Encuéntrame en el bosque

  Encuéntrame en el bosque, donde nadie pregunta nombres, donde la luna es testigo y los árboles susurran verdades que ni el día se atreve a pronunciar. Ven sin miedo. Ven con el pecho abierto y el alma sucia. Aquí no hay juicios. Aquí solo existen tus labios y los míos, mi respiración buscándote entre la niebla, tu sombra rozando la mía como promesa. No quiero explicaciones, quiero incendios. No quiero razones, quiero tus dedos clavándose en mi espalda como si quisieras quedarte a vivir ahí para siempre. He cruzado noches enteras siguiendo el eco de tu voz en mis sueños. He dejado atrás quien era para convertirme en lo que tú haces de mí: un animal hambriento de ti, de tu piel, de tus ojos en la oscuridad. Aquí, entre ramas y raíces, nos quitamos los miedos como la ropa. Aquí no fingimos ser santos, nos entregamos como salvajes. Y cuando el mundo despierte, que se quede con su paz tibia. Yo ya elegí la locura de tus besos y el abismo de tu cuerpo com...

Te amo como si me faltaras.

Como si cada parte de ti fuera una ausencia que no sé llenar. Como si tu piel estuviera escrita en mi memoria antes de haberla tocado. No sé amarte en silencio. No sé esconderte. Eres el pensamiento que se me escapa en medio de frases incompletas, la palabra que mis labios quieren pronunciar aunque el mundo no entienda. Te amo con esa pasión que no pide permiso, que no pregunta si es tiempo o lugar. Te amo con la urgencia de quien sabe que el amor es breve y que la vida, a veces, no espera. Me ardes en la sangre. Me tiemblas en los dedos. Me estallas en el pecho cuando imagino que estás en otro lugar mirando a alguien más como yo te miro a ti. Si supieras cómo te pienso. Si supieras cómo te deseo. Te dejaría cada noche notas escondidas, no debajo de tu puerta, sino entre tus sueños, para que me sueñes con la misma intensidad con la que yo te sueño despierto. Y si algún día te encuentro, no te preguntaré nada. Solo te tomaré la cara entre las manos como quie...

Te dejaré pedacitos de mí

Te dejaré pedacitos de mí, no en grandes gestos, sino en los lugares donde nadie mira. Te dejaré mi voz en el rincón del sillón donde te sientas a leer, en el susurro de la lluvia cuando cae sin prisa, en la última línea de los libros que aún no terminas. Te dejaré mi cariño en las tazas de café que tomas sola, en los silencios que llenas con pensamientos que no le cuentas a nadie. Te dejaré palabras suaves debajo de tu almohada, por si una noche te cuesta dormir y necesitas un recuerdo que abrace sin hacer ruido. Estaré escondido en las grietas del invierno, en la música que suena bajito mientras caminas, en las luces tenues del atardecer que tanto te gustan. Y si algún día el mundo se siente pesado, si tus pasos se vuelven lentos y tu corazón un poco frío, búscame. No estaré lejos. Estaré ahí, esperando que me recojas del suelo de tu memoria, como quien encuentra una flor seca en un libro olvidado. Y si quieres… bésame en tus pensamientos. Susúrrame con ...