Puedes tener miedo.
Puedes tener días en los que quieras huir,
donde todo pese tanto que ni siquiera quieras hablar.
Puedes romperte.
Puedes desaparecer por un tiempo.
Pero escúchame bien:
yo no me voy.
No vine solo para los días buenos.
No te elegí solo por tus sonrisas,
te elegí también por tus sombras.
Por tu valentía escondida,
por tu forma de resistir
aunque sientas que no puedes más.
No me asusta tu dolor,
ni tus silencios,
ni las noches en que sientes que nadie puede entenderte.
Tal vez no lo entienda todo,
pero yo quiero estar.
Quiero quedarme.
Quiero luchar contigo,
aunque sea solo abrazándote en silencio mientras el mundo tiembla.
Y si algún día sientes que ya no puedes más,
que te perdiste,
que te fuiste…
yo voy a encontrarte.
Donde sea.
Como sea.
Porque amar no es estar solo cuando todo va bien.
Amar es quedarse
cuando el otro no puede levantarse solo.
Tú puedes irte.
Puedes dudar.
Puedes volver con las manos vacías.
Yo seguiré aquí,
con los brazos abiertos
y el corazón intacto.
Porque lo que siento por ti…
no se rompe,
no se cansa,
no se va.

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