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Mostrando entradas de febrero, 2026

Mi gran amistad...

No siempre sabemos cuándo comenzamos a alejarnos. No hay un instante claro ni una decisión solemne. A veces es solo una distracción aceptada una prisa sin examen una palabra no pronunciada. Y poco a poco el corazón se vuelve menos atento menos disponible menos despierto. No dejamos de creer. Pero dejamos de escuchar. El pecado no entra como violencia. Entra como cansancio como olvido como una leve pérdida del amor primero. No nos volvemos malos. Nos volvemos dispersos. Y sin embargo Dios no se retira. Permanece. No acusa. No se impone. Espera como espera el padre que conoce el camino del hijo incluso cuando este se aleja. No vigila. Aguarda. Hay en nosotros una nostalgia que no se apaga. Un recuerdo que no sabemos nombrar. Algo que duele sin ser herida. Es la memoria del paraíso no como pasado sino como vocación. No lo hemos perdido del todo. Lo hemos olvidado. Cristo no viene a reprochar la caída. Viene a sentarse a nuestro lado en el polvo. No levanta con fuerza. ...

El Amor....

  El amor no se manifiesta primero en grandes palabras. Aparece en lo cotidiano. En un gesto repetido sin cansancio. En la atención que no exige ser vista. Uno ofrece algo sencillo al comenzar el día. El otro devuelve algo que no se puede medir. Y sin decirlo ambos saben que ahí ocurre lo esencial. Amar es intercambiar cuidados distintos. Uno da lo que puede tocarse. El otro da descanso interior. Uno acompaña con actos visibles. El otro retira una tristeza antigua sin nombrarla. No porque la niegue sino porque la recibe sin juicio. En el amor cada uno hace algo pequeño y recibe algo grande. Se entregan detalles que parecen mínimos. Una salida. Un recuerdo preparado con tiempo. Un vaso de agua ofrecido sin que sea pedido. Y del otro lado llega algo más hondo. Aceptación. Permanencia. La posibilidad de ser sin corregirse todo el tiempo. Hay una forma de conocimiento que solo nace en la convivencia. Saber cuándo la mente del otro se aleja. Reconocer cuándo el s...

¿ Todavia esta la edad ?

  Hay una edad en la que el cuerpo todavía aprende a caer. No entiende del todo el dolor pero lo recuerda con una nitidez que no abandona. Una caída en la hierba. Un hueso que se rompe. Un perfume que queda unido para siempre a la fragilidad. Así comienza la memoria. No como nostalgia sino como marca. En la infancia el mundo no está dividido aún en éxito y fracaso. Está hecho de carreras torpes. De amistades inmediatas. De una confianza que no se pregunta si será traicionada. Todo ocurre sin cálculo. Y precisamente por eso duele cuando se rompe. El corazón aprende temprano que puede abrirse y quebrarse en el mismo lugar. Luego vienen los años en que el tiempo parece ancho. Las amistades se juran eternas sin saber lo que dicen. Se pierden algunas sin despedida. Otras se desgastan sin pelea. No hay culpa clara. Solo distancia. Y la distancia también educa. Crecer no siempre se siente como avance. A veces se siente como alejamiento. De los campos abiertos. De l...