Tuve un pensamiento, querido, uno que no se dice en voz alta, uno que tiembla como tierra recién removida en medio de la noche. Había bichos, había suciedad, había preguntas que nadie hace porque sabe que no soportaría la respuesta. Te vi cavar. No con las manos solamente, sino con la mirada. Y supe que no toda tumba guarda muerte; algunas esconden miedo, otras vergüenza, otras un nombre que dolía pronunciar. No te pregunté qué enterraste. Hay amores que no nacen de la curiosidad, sino del respeto. Antes de que esas manos me sacaran de la tierra, yo también estaba enterrado. No por culpa, sino por cansancio. Hay silencios que pesan como lápidas. No te preguntaré de dónde vienes. No porque no me importe, sino porque no todo origen necesita ser desenterrado para ser amado. Acércate. No con respuestas, sino con presencia. Pon tus labios donde las palabras ya no alcanzan. Besémonos no como los que se esconden, ni como los que consumen, sin...