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Mostrando entradas de julio, 2025

La última palabra fue amor

  Nunca creí que llegaría aquí. No fui santo, ni fuerte, ni sabio. Amé mal, y a veces, ni siquiera amé. Viví en madrigueras del alma, escondiéndome de un Dios que creía que no me quería ver. Me enseñaron a temerle, pero no a confiar. Y sin confianza, el corazón se muere aunque el cuerpo camine. Yo era eso: una sombra que fingía estar viva, hasta que una noche sin estrellas, cuando ya no tenía fuerzas para orar, Él vino. No con fuego, ni con truenos, sino con un silencio lleno de ternura. Se sentó junto a mí. Y solo dijo mi nombre como si lo hubiera dicho mil veces antes. No entendí. No podía. ¿Cómo se ama así? Pero no me pidió explicaciones. Tampoco me mostró mis fallas. Solo me ofreció descanso. Y un lugar. Y ahora que todo termina, ahora que mi aliento ya no pesa, entiendo algo: No se trata de merecer. Se trata de rendirse al amor que no se cansa. Y al cruzar el umbral, cuando mis pasos ya no sean míos, la última palabra no será juicio, n...

Cuando la Voz me llame por mi nombre

  Cuando todo haya callado, y mi aliento sea un suspiro final que se entrega al viento, no temeré la sombra. Porque más allá de ella me espera la Luz que nunca se apaga. Los cielos no son de mármol, ni las calles de oro me importarán tanto como esa Voz… la que partió el silencio primordial para decir: “Sea la luz.” Y ahora, al final de mi jornada, cuando el alma ya no cargue su peso, la oiré otra vez, pero esta vez, dirigiéndose a mí. “Bien hecho, siervo fiel,” dirá. Y mi corazón, cansado de tanto latir por cosas pasajeras, latirá una última vez solo para romperse en gozo eterno. Mis heridas ya no dolerán. Serán testigos de amor, no de derrota. Y mis lágrimas serán recogidas como perlas de oración en la copa de los santos. Los que amé estarán allí, no como los recordaba, sino como Dios los soñó. Y yo también, me veré completo por fin, sin miedo, sin culpa, sin preguntas sin respuesta. Allí no habrá relojes. Solo eternidad bordando melodías ...

La vida, ese parpadeo eterno

  La vida… ese suspiro que se escapa entre los dedos mientras creemos tenerla sujeta. Una flor que no pregunta si será primavera, y aún así florece. Nacemos sin memoria, como páginas en blanco, y la tinta que nos escribe son los días, las lágrimas, las veces que amamos sin saber si nos amarían. ¿Somos el sueño de alguien más? ¿O la casualidad más hermosa que el caos ha creado? La vida no responde. Solo pasa. Como el viento entre los árboles. Como una canción que solo escuchamos una vez y no volvemos a encontrar. Nos enseñan a contar años, pero no a contar silencios. Nos enseñan a subir peldaños, pero no a detenernos a mirar el polvo dorado que flota en una tarde cualquiera. ¿Y si vivir no es alcanzar algo, sino habitar este instante como si fuera sagrado? ¿Y si la eternidad es apenas el temblor que sentimos cuando alguien nos llama por nuestro nombre y lo dice con ternura? La vida… no es una línea recta. Es un espiral. Un eco. Un relámpago que...

Para los que aún no han sentido a Dios

  A ti, que caminas con el alma herida, que cargas culpas que no te pertenecen, y abrazas la noche como si fuera hogar… A ti, que dices que no crees, pero cierras los ojos esperando que algo —lo que sea— te escuche en el fondo del silencio… Quiero decirte algo. No con gritos. No con promesas vacías. Solo con el corazón: Dios no está lejos de ti. No es un templo. No es una voz en un libro cerrado. Es la ternura que no entiendes. Es la lágrima que cae sin razón. Es la fuerza que te levanta cuando juras que no puedes más. Te han dicho que no mereces amor. Que hay que ganárselo, que Dios es juez antes que padre. Te mintieron. Dios no te espera cuando cambies. Te ama incluso ahora, en este instante roto, con tus contradicciones, tus dudas, tu rabia, tu historia. No necesitas saber rezar. Solo hablar. Como si hablara un niño asustado. Como quien se rinde sin miedo. Él sabe. No vengo a darte respuestas. Solo a decirte: Él no se ha olvidado de ti. Y s...

¿Dónde estás, Señor, cuando me rompo?

  Dios… si me oyes, no calles. No me dejes hablándole al silencio como quien lanza piedras a un pozo sin fondo. Estoy aquí, con los ojos llenos de noche y el alma rota en pedazos que ya no sé juntar. No quiero respuestas perfectas, ni milagros de vitrina. Solo un susurro tuyo que me diga que no estoy solo, que este dolor no es eterno, que aún soy tu hijo aunque no me reconozca. ¿Por qué pesa tanto este corazón, Señor? ¿Por qué me das amor si duele perderlo? ¿Por qué me haces sentir tanto si a veces todo lo que amo se va? Me enseñaron que tú no abandonas, pero hay días en los que mi fe es solo una vela temblando en el viento. Y aún así, aquí estoy. Sin fuerzas, sin certezas, pero hablándote. Porque si no eres tú, ¿entonces quién? Si no me abrazas tú, ¿quién sabrá qué tan frío es el fondo? Si no me amas tú, ¿quién podrá amar estos restos de mí? Háblame, Señor. Aunque sea bajito. Aunque no entienda. Pero háblame. Antes de que este silencio se vuelva...

El amor que no me cabe

  He amado tanto, que a veces siento que el pecho no me alcanza. El amor me arde, me pesa, me arrastra como río de invierno. Y no es porque quiera. Es porque no sé cómo no hacerlo. Dios me dio un corazón de carne, pero se me ha vuelto brasa. Todo lo que toco lo siento, todo lo que pierdo lo guardo. Quise amar como Él ama, sin medida, sin miedo. Pero soy humano. Y a veces el alma se me quiebra intentando parecer eterna. Me dijeron que el amor no duele. Mentira. Duele porque es real. Porque quien ama se entrega, y quien se entrega, se parte. Pero aún así, yo amo. Con mis grietas. Con mis manos vacías. Con mi fe tambaleando. Y si algún día dejo de respirar, que no digan que me faltó amor. Solo que el amor ya no me cabía en el pecho.

A veces Dios no responde, pero el amor sí

  A veces oro y el cielo guarda silencio. No hay trueno, ni voz, ni señal en el viento. Solo mi corazón latiendo como si aún esperara respuesta. Y sin embargo, amo. Amo como quien espera lluvia en el desierto, aunque el sol lo parta en dos. Amo como quien extiende los brazos sabiendo que quizá nadie vuelva. Porque he entendido que amar es parecido a la fe: dar sin promesa, quedarse sin garantía, creer aunque no se vea. Dios no siempre habla, pero el amor sí. Habla con gestos, con memoria, con las pequeñas cosas que no mueren aunque todo cambie. Y si alguna vez alguien me pregunta por qué sigo amando a quienes se fueron, o por qué abrazo a quien dice no merecer amor, responderé: Porque así me amó Dios a mí. Cuando no creía en mí. Cuando tampoco sabía quedarme.

Amar bajo el sol

  He amado con el corazón roto, como quien siembra en tierra seca esperando milagros. He dado todo, y a veces no volvió nada. Y aun así, no me arrepiento. Porque como dice el sabio: "Todo tiene su tiempo bajo el cielo…" Y yo fui amor incluso cuando el mundo no lo devolvía. He caminado por valles oscuros, y no temí, porque el amor verdadero me sostuvo cuando todo lo demás se cayó. Ahora sé: no todo el que se queda ama, ni todo el que se va deja de hacerlo. Pero el amor, ese que viene de lo alto, no falla, no busca lo suyo, y no se olvida de ti. Ni siquiera cuando tú te olvidas de ti mismo.

Silencio final

  Me estoy muriendo, pero no como en los cuentos, no con lágrimas ni relámpagos. Me muero en pedacitos cada vez que el mundo no me escucha, cada vez que mi nombre no resuena en nadie. Es un morir suave, como una vela que no espera el viento, solo se apaga, porque ya no tiene a quién alumbrar. He dejado de luchar contra la noche. Ahora la dejo entrar como se deja entrar al frío cuando uno ya no tiene fuerzas para cerrar la ventana. La soledad no grita. Solo se sienta a mi lado, me mira con ojos de espejo y me dice: “Aquí estoy, por si nadie más vuelve.” Y así me voy, no con odio, no con miedo, sino con esa calma triste de quien ya no espera ser salvado. Si muero, que no haya ruido. Solo un cuerpo quieto y una brisa leve llevando mi último pensamiento: "Que al menos este silencio me escuche."

Bosque de perderse

  A veces sueño con un bosque. No uno oscuro, ni temible. Un bosque tranquilo, cubierto de hojas secas y árboles altos que no preguntan quién eres. Allí no hay juicios, ni relojes, ni voces que exijan que vuelva a ser fuerte. Solo brisa, tierra húmeda, y el susurro de los pájaros que no se apuran. Me perdería ahí. No para escapar, sino para por fin descansar del peso de ser. Caminaría sin rumbo hasta que el sol empezara a caer, y me sentaría entre raíces que parecen abrazos, mirando el cielo volverse oro y sangre. Y tal vez, solo tal vez, moriría allí. No por tristeza. No por rendirme. Sino porque a veces el alma se cansa de llevar tantas despedidas dentro. Morir viendo un atardecer es lo más cerca que conozco de la paz. Que el último suspiro no sea un grito, sino un susurro agradecido por todo lo que alguna vez fue amor, aunque doliera. Y que nadie me busque. El bosque sabrá qué hacer conmigo

A quienes ya no están, y a quienes sí

  Perdí a dos personas que conocían mis silencios. Dos amigos que sabían leerme sin que yo dijera una sola palabra. Y aunque sus nombres ya no aparecen en mi bandeja, aunque sus risas no estén en mis días, hay partes de mí que aún les hablan en secreto. No sé si fue el tiempo, los caminos que se separan sin querer, o los errores que nunca nos atrevimos a perdonar. Solo sé que duelen. Porque fueron reales. Y porque ya no volverán. Murieron. Y algo en mí murió con ellos. Un eco, una versión de mí que solo ellos conocían. Una complicidad que ya no se repite. Pero no todo está perdido. Hoy me rodean personas buenas. Gente que me escucha sin juzgar, que no intenta llenar los vacíos, pero me ofrece abrigo mientras los llevo. No reemplazan lo que se fue, y no tienen que hacerlo. Porque no se trata de olvidar, sino de aprender a mirar hacia los lados y reconocer que el amor, aunque cambie de forma, sigue llegando. Y cuando río, cuando comparto un silencio nue...

Pasajera de mi tormenta

  Solo te vi una vez. Y sin embargo… aún estás aquí. No en mi vida, pero sí en todo lo que me pesa cuando pienso en lo que no fue. Apenas un cruce de miradas, un momento que nadie más notó, una chispa que encendió algo en medio de todo este desorden que cargo por dentro. No hubo tiempo para conocerte. No hubo historia. No hubo promesas, ni despedidas. Fuiste un suspiro en el vendaval. Una calma inesperada, que llegó en medio de mi caos y se fue como si nunca hubiera estado. Pero lo estuviste. Yo lo sé. Mi pecho todavía recuerda la forma en que latió cuando tus ojos rozaron los míos, como si me leyeras el alma sin haberme tocado nunca. Tal vez ni sepas quién soy. Tal vez no pensaste en mí ni un minuto después. Pero yo te guardo como quien guarda una canción triste que escuchó solo una vez y que nunca pudo volver a encontrar. Fuiste breve, efímera, pero eterna en mi memoria. Pasajera de mi tormenta… ojalá sepas que mereces ser amada. Aunque solo te hay...

Mi corazón no aguanta

  Mi corazón… me está fallando. No en metáforas, no en versos tristes: me duele el pecho de verdad. Late descompasado, como si ya no supiera cómo seguir el ritmo de una vida que no entiendo. Hay noches en las que siento que se detendrá. Así, sin más. Entre el silencio, la luz apagada y el recuerdo de voces que ya no están. No tengo miedo de morir. Lo que me rompe es la idea de irme con tanto por decir. Con tantos abrazos retenidos, con tantos "te necesito" ahogados en orgullo, con tantas lágrimas secas porque “tenía que ser fuerte”. Me duele el pecho como si cargara un grito que nadie quiso oír. Y juro que he tratado… He intentado que no se note, he fingido estar bien hasta que ya no sé quién era yo antes de fingir. No sé si es tristeza, si es ansiedad, si es simplemente el alma pidiendo descanso. Pero hay algo en mí que ya no resiste. Algo que dice “basta” cada vez que sonrío sin ganas, cada vez que despierto y siento que no per...

Carta a quien nunca sabrá

  Una confesión que quizás tú también necesitabas leer. Querido tú, o quien sea que lea esto: Hay algo en mí que ya no cabe. Mi corazón se siente pesado. No por una enfermedad, sino por lo que no se dice. Por todo lo que cargamos cuando nadie pregunta cómo estamos en realidad. He amado en silencio. He llorado sin que nadie lo sepa. He sido fuerte para otros cuando no podía sostenerme ni a mí. Y lo efímero me duele. La forma en que las personas se van. Cómo lo que amamos se convierte en un recuerdo que arde. No busco consuelo. Solo dejo esto aquí, por si un día ya no estoy y alguien se pregunta si sentí algo. Sí, sentí todo. Y me pesó. Y si tú sientes lo mismo: no estás solo. No somos pocos los que caminamos con el corazón lleno de palabras que nadie escuchó. Con todo lo que me queda, Yo.