La vida…
ese suspiro que se escapa entre los dedos
mientras creemos tenerla sujeta.
Una flor que no pregunta si será primavera,
y aún así florece.
Nacemos sin memoria,
como páginas en blanco,
y la tinta que nos escribe
son los días,
las lágrimas,
las veces que amamos
sin saber si nos amarían.
¿Somos el sueño de alguien más?
¿O la casualidad más hermosa
que el caos ha creado?
La vida no responde.
Solo pasa.
Como el viento entre los árboles.
Como una canción que solo escuchamos una vez
y no volvemos a encontrar.
Nos enseñan a contar años,
pero no a contar silencios.
Nos enseñan a subir peldaños,
pero no a detenernos
a mirar el polvo dorado
que flota en una tarde cualquiera.
¿Y si vivir no es alcanzar algo,
sino habitar este instante
como si fuera sagrado?
¿Y si la eternidad
es apenas el temblor
que sentimos
cuando alguien nos llama por nuestro nombre
y lo dice con ternura?
La vida…
no es una línea recta.
Es un espiral.
Un eco.
Un relámpago que ríe, llora, ama,
y luego se apaga.
Y sin embargo,
nosotros —los que temblamos—
seguimos buscándole sentido
como quien en la oscuridad
le habla al cielo
esperando que le respondan con estrellas.
.jpeg)
Comentarios
Publicar un comentario