Puede que el mapa diga que estás lejos,
que hay agua entre nosotros,
que tu risa se escuche en otro estado
y tu perfume lo arrastre el viento sureño.
Pero déjame decirte algo:
ni el río me asusta.
Ni la distancia me enfría.
Porque cada vez que me hablas,
mi corazón se lanza al agua.
Cada vez que dices mi nombre,
mi alma cruza fronteras sin visa.
Tú, con esa voz que huele a jazmín y a locura,
me tienes contando los días para verte otra vez.
Me tienes soñando con tus labios,
y haciendo planes para robarte, aunque sea por una noche.
Y sí…
quizás tú seas una chica de Louisiana,
y yo un hombre del Mississippi…
pero cuando estamos juntos,
el mundo se encoge.
El río se calla.
Y el amor suena más fuerte que cualquier tren.

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