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Para los que aún no han sentido a Dios

 



A ti,
que caminas con el alma herida,
que cargas culpas que no te pertenecen,
y abrazas la noche como si fuera hogar…

A ti,
que dices que no crees,
pero cierras los ojos esperando que algo —lo que sea—
te escuche en el fondo del silencio…

Quiero decirte algo.
No con gritos.
No con promesas vacías.
Solo con el corazón:

Dios no está lejos de ti.

No es un templo.
No es una voz en un libro cerrado.
Es la ternura que no entiendes.
Es la lágrima que cae sin razón.
Es la fuerza que te levanta
cuando juras que no puedes más.

Te han dicho que no mereces amor.
Que hay que ganárselo,
que Dios es juez antes que padre.

Te mintieron.

Dios no te espera cuando cambies.
Te ama incluso ahora,
en este instante roto,
con tus contradicciones,
tus dudas,
tu rabia,
tu historia.

No necesitas saber rezar.
Solo hablar.
Como si hablara un niño asustado.
Como quien se rinde sin miedo.
Él sabe.

No vengo a darte respuestas.
Solo a decirte:
Él no se ha olvidado de ti.

Y si alguna vez te sientes tan perdido
que no recuerdas tu nombre,
recuerda esto:
fuiste creado por amor.
Y sigues siendo amado.
Aunque no lo sepas.

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