Mi corazón…
me está fallando.
No en metáforas,
no en versos tristes:
me duele el pecho
de verdad.
Late descompasado,
como si ya no supiera
cómo seguir el ritmo
de una vida
que no entiendo.
Hay noches
en las que siento
que se detendrá.
Así, sin más.
Entre el silencio,
la luz apagada
y el recuerdo de voces
que ya no están.
No tengo miedo de morir.
Lo que me rompe
es la idea de irme
con tanto por decir.
Con tantos abrazos retenidos,
con tantos "te necesito"
ahogados en orgullo,
con tantas lágrimas secas
porque “tenía que ser fuerte”.
Me duele el pecho
como si cargara un grito
que nadie quiso oír.
Y juro que he tratado…
He intentado que no se note,
he fingido estar bien
hasta que ya no sé
quién era yo
antes de fingir.
No sé si es tristeza,
si es ansiedad,
si es simplemente el alma
pidiendo descanso.
Pero hay algo en mí
que ya no resiste.
Algo que dice “basta”
cada vez que sonrío sin ganas,
cada vez que despierto
y siento que no pertenezco.
Si esta es la última vez
que mi corazón escribe,
que alguien sepa esto:
no morí por falta de amor,
morí por exceso de todo
y por no soltar nada.

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