No sé cuánto nos queda.
Ni cuántas arrugas llegarán a tu sonrisa.
Pero sí sé esto:
yo me quedo.
Contigo.
Como el primer día.
Cuando nuestras piernas ya no corran,
cuando las palabras se digan más lento,
cuando tus manos tiemblen,
quiero que tiemblen dentro de las mías.
Porque yo no te amo por tu forma de caminar,
aunque me encanta.
Ni por la luz en tus ojos,
aunque me pierda en ella cada vez.
Te amo porque en ti encontré algo que no envejece:
una paz que me abraza.
Una locura que combina con la mía.
Y si un día te olvidas de por qué me elegiste,
si alguna inseguridad te toca el alma,
si dudas…
mírame.
Estoy aquí.
Y sigo eligiéndote.
Y cuando todos digan que el amor no dura,
que se apaga,
que muere…
déjalos.
Nosotros sabremos la verdad.
Porque aún con los años encima,
yo solo querré hacer una cosa:
bailar contigo
como si el tiempo nunca hubiera pasado.

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