No te amo por lo que me das.
Te amo por lo que eres…
incluso cuando no estás bien,
incluso cuando no puedes amarte tú.
Mi amor por ti no compite, no presume, no aplasta.
No busca tener la razón.
No mide quién da más.
No es ruido. No es castigo.
Es paciencia…
es calma.
No me irrita tu distancia.
No me alejan tus dudas.
No llevo cuentas de tus errores
porque prefiero recordarte en tus victorias.
Porque prefiero amarte como Dios nos ama: sin condiciones.
No me alegra cuando caes,
no me regocijo en tus tropiezos.
Me gozo en tu verdad.
En tu crecimiento.
En tu luz, incluso si hoy estás apagada.
Mi amor no huye cuando hay peso.
Todo lo sufre,
todo lo cree,
todo lo espera,
todo lo soporta…
si es por ti.
No soy perfecto.
Pero lo que siento por ti
lleva algo de eternidad.
Porque cada vez que te miro,
entiendo por qué Dios dijo que el amor jamás deja de ser.

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