Hay días que me duelen más que otros.
Días en que el silencio pesa más que tu ausencia.
Pero sigo aquí.
No porque sea fácil…
sino porque tú vales la espera.
No estoy esperándote con los brazos cruzados.
Te espero con la vida,
te espero en cada paso,
en cada risa que aún guarda tu nombre.
Te espero como se espera el sol tras una noche larga.
Con fe.
Con el alma en llamas.
Aunque a veces todo arda menos tú.
No importa cuántas veces el mundo me diga que suelte,
yo sigo apostando por ti.
Por lo que fuimos.
Por lo que podríamos volver a ser
si aún queda una chispa en tu pecho que diga mi nombre.
Porque amarte fue lo más vivo que he estado.
Y mientras exista esa memoria,
mientras mi corazón aún repita tu risa,
yo sigo aquí.
Esperándote.
Amándote.
Con los ojos abiertos
y el alma en pie.
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