Como si cada parte de ti fuera una ausencia que no sé llenar.
Como si tu piel estuviera escrita en mi memoria
antes de haberla tocado.
No sé amarte en silencio.
No sé esconderte.
Eres el pensamiento que se me escapa en medio de frases incompletas,
la palabra que mis labios quieren pronunciar
aunque el mundo no entienda.
Te amo con esa pasión que no pide permiso,
que no pregunta si es tiempo o lugar.
Te amo con la urgencia de quien sabe que el amor es breve
y que la vida, a veces,
no espera.
Me ardes en la sangre.
Me tiemblas en los dedos.
Me estallas en el pecho cuando imagino
que estás en otro lugar
mirando a alguien más como yo te miro a ti.
Si supieras cómo te pienso.
Si supieras cómo te deseo.
Te dejaría cada noche notas escondidas,
no debajo de tu puerta,
sino entre tus sueños,
para que me sueñes con la misma intensidad
con la que yo te sueño despierto.
Y si algún día te encuentro,
no te preguntaré nada.
Solo te tomaré la cara entre las manos
como quien ha encontrado lo sagrado,
y te besaré
como si el mundo acabara al cerrar los ojos.
Como si nada existiera después de ti

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