No le tengo miedo al final.
Ni al dolor,
ni a caer,
si sé que alguna vez te tuve entre mis brazos.
Amarte fue arriesgarlo todo.
Y lo hice con gusto.
Porque fuiste lo único que le dio sentido a todo el caos en mi cabeza.
No me arrepiento de nada.
Ni de los días que dolieron,
ni de las veces que callé lo que gritaba por dentro,
ni de esperarte sin saber si ibas a volver.
Porque mientras te amé,
viví de verdad.
Fuiste fuego cuando todo estaba apagado.
Fuiste tormenta,
pero también refugio.
Y eso no se olvida.
No se cambia.
No se borra.
No todos tienen la suerte de amar así:
con todo el pecho,
sin miedo,
sin medida.
Y aunque me costó,
aunque a veces me dejaste roto,
lo volvería a hacer.
Así que si mañana el mundo se apaga,
si llega el último suspiro,
que sea pensando en ti,
y sonriendo.
Porque antes de irme,
supe lo que era amar con el alma.
Y fuiste tú.

Comentarios
Publicar un comentario