No tienes que saberlo todo ahora.
No tienes que tener claro quién eres,
ni hacia dónde vas,
ni por qué a veces te duele incluso respirar.
Está bien perderse.
Está bien no entender.
Yo tampoco tengo todas las respuestas.
Pero tengo algo que puedo darte:
mi tiempo,
mi ternura,
mi deseo sincero de verte bien,
aunque sea sin mí.
No quiero apresurarte.
No quiero forzarte.
Solo quiero estar cerca,
como quien se queda en silencio
junto al que aún no puede hablar.
Y si hoy no puedes amarme,
si todavía no puedes entregarte,
si el miedo pesa más que el deseo,
yo no me voy.
Voy a cuidarte desde donde me dejes.
Voy a esperarte,
no con ansiedad,
sino con fe.
Y si llega un día
en que el mundo ya no te duela tanto,
en que puedas verte con ojos más suaves,
en que despiertes y te sientas viva de nuevo…
acuérdate de mí.
Porque yo creí en ti incluso cuando tú no podías.
Porque aún con los ojos cerrados,
yo te elegí.
Así que cuando estés lista,
cuando seas tú sin miedo,
cuando puedas caminar sin temblar…
despiértame.

Comentarios
Publicar un comentario