Yo no tengo mucho,
ni promesas brillantes,
ni un futuro perfecto que ofrecerte.
A veces me pierdo,
me apago,
me encierro.
Pero incluso en mis días más grises…
estás tú.
Y contigo, todo tiene sentido.
Tú me das luz
cuando yo solo sé dar sombra.
Tú me miras con fe
incluso cuando yo mismo me miro con duda.
Podría rodearme de ruido,
de mil cosas para llenar el vacío,
pero nada —nada— tiene sentido
si tú no estás.
Y no es dependencia,
es verdad.
Es que en ti encontré un lugar.
Una voz que no me juzga.
Un alma que no me exige ser perfecto.
Tú crees que no mereces ser amada,
pero si supieras lo que yo siento cuando te miro...
El mundo se ordena.
El caos se vuelve música.
El dolor se vuelve suave.
No me importa si te sientes rota,
yo no vengo a arreglarte.
Vengo a amarte.
Así, como eres.
Con todo lo que cargas.
Con todo lo que callas.
Porque tú eres lo único
que nunca ha sido un error en mi vida.
Eres la razón por la que aún creo
que algo hermoso puede nacer de todo esto.
Y si algún día dudas,
si todo te pesa otra vez,
solo recuerda esto:
mi amor por ti nunca ha sido un punto sin sentido.
Es lo que le da sentido a todo.
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