A veces cierro los ojos y vuelvo ahí…
A ese lugar que no está en el mapa,
pero que siempre vivió en nosotros.
No era una ciudad.
No era una habitación.
Era esa esquina del mundo
donde me mirabas sin miedo,
y todo parecía estar bien.
Ahí no existía el ruido.
Solo tus silencios que sabían a paz.
Solo tus manos,
que sin hablar,
me decían: "te entiendo, quédate".
Y me quedaba.
Porque ese rincón —ese refugio solo nuestro—
me hacía sentir vivo.
Inmortal.
Pero el tiempo pasó…
Y hoy no sé si tú también lo recuerdas.
No sé si para ti aún existe.
Si aún puedes cerrar los ojos y verme allí,
como yo te veo a ti.
Tal vez el mundo cambió.
Tal vez tú también.
Pero si un día todo se desarma,
si te sientes perdido o cansada del ruido,
búscame ahí.
En ese lugar solo nuestro.
Porque yo…
aún te espero ahí.

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