Antes de ti,
mi alma andaba en vasos vacíos,
en promesas rotas,
en noches que no curaban nada.
Mi amor era torpe,
como un trago fuerte que arde al pasar.
Me perdía fácil,
me dolía todo.
Pero tú…
tú fuiste distinto.
No llegaste gritando ni exigiendo.
Solo me miraste,
como quien ve el fondo de un hombre
y aún así se queda.
Eres como ese Tennessee whiskey:
fuerte,
pero dulce.
Arde,
pero no duele.
Me sube a la cabeza,
pero no me tumba.
Me enseñaste que el amor no tiene que doler para ser real.
Que no necesito esconder lo que fui,
porque en tus brazos,
incluso mi pasado parece tener sentido.
Y si alguna vez te preguntas si vales la pena,
recuerda esto:
tú me cambiaste sin pedirme que cambiara.
Me hiciste querer ser mejor,
no por miedo,
sino por amor.
Así que quédate,
y deja que te sirva otra copa de todo lo que soy.
Sin prisas,
sin máscaras,
solo tú,
yo,
y este amor que sabe a casa.

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