La vida a veces duele,
como un filo escondido en la sonrisa,
como un camino que se abre
solo para mostrar sus piedras.
A veces es la peor de las cosas:
te rompe,
te cansa,
te pide fuerzas que no tienes,
te deja preguntándote por qué sigues.
Pero basta un instante,
uno solo,
para que todo cambie.
Porque la vida también sabe ser hermosa:
en un rayo de sol que se cuela por la ventana,
en una palabra que llega justo a tiempo,
en la risa que nace sin permiso,
en el abrazo que recompone lo perdido.
La vida es así,
una herida que brilla,
un dolor que florece,
un laberinto donde, aun sin salida,
crecen flores en cada esquina.
Y aunque a veces quiera quebrarte,
también te enseña a volar.
Por eso seguimos:
porque en su dureza hay misterio,
y en su belleza, un pequeño milagro.
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