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Entre Cielo y Cenizas

 



Te fuiste en un silencio
que aún hace eco en mis días.
Los domingos perdieron nombre,
y el mundo, de pronto,
se volvió demasiado grande
para un solo corazón.

A veces hablo con el cielo,
no porque espere respuesta,
sino porque es el único lugar
que todavía te guarda.
Miro arriba y pienso
que estás allí,
flotando en un rincón de luz
que no puedo alcanzar.

Tus recuerdos siguen vivos
en las cosas pequeñas:
una foto gastada,
un olor que aparece sin permiso,
una caja vieja
donde guardabas pedazos de historia
que hoy duelen al tocarlos.

Camino entre sombras y brasas,
entre lo que fue
y lo que ya no podrá ser.
Y aun así,
algo en mí no suelta tu nombre.

Quizá es amor,
quizá es miedo,
quizá es que algunas despedidas
nunca fueron hechas
para pronunciarse en voz alta.

Porque cuando te fuiste
te llevaste la parte de mí
que sabía sonreír sin esfuerzo,
y dejaste atrás un corazón remendado
que late como puede
entre cielo y cenizas.

Y aunque duela,
aunque queme,
aunque parezca imposible…
todavía te sigo sosteniendo
en ese lugar sagrado
donde guardo lo que jamás
voy a olvidar.

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